Stephen Glass y la ética periodística

6 01 2010

La labor periodística que  Stephen Glass llevó a cabo en la revista de actualidad y política “The New Republic” hace diez años no es precisamente la que mejor ilustra un buen manejo de las fuentes de información.  Pronto se descubrió que más de la mitad de sus artículos no eran más que invenciones. La historia que precipitó su caída, “Hack Heaven”, en la que Glass describía los hechos casi cinematográficamente, dañó la imagen de la revista y decepcionó tanto al público como a sus compañeros. Sin embargo, la revista también cometió un grave error al permitir que la única forma de demostrar los hechos fuera mediante la palabra de Glass. Billy Ray relató este caso en 2003 en la película “El precio de la Verdad”.

A pesar de todo, en este caso sí hubo dos profesionales que realizaron una buena labor periodística: Adam L. Penenberg, redactor de Forbes.com, y Chuck Lane, redactor jefe en “The New Republic”. Penenberg revisó registros, documentos del Estado, habló con hackers, consultó listas de funcionarios e incluso al Interventor de California. Todos sus hallazgos los publicó en su artículo “Lies, damn lies and fiction”, en el que denunciaba la falsedad de las fuentes de Glass. Esto significó todo un hito para el periodismo digital, que demostró el potencial que tenía para convertirse en una alternativa al periodismo  tradicional. Asimismo, Check Lane dudó de la palabra de Stephen Glass y fue a los lugares en los que supuestamente habían sucedido los hechos narrados en “Hack Heaven”.

Por otro lado, la estructura de la redacción de “The New Republic” es piramidal y vertical, similar a la de un diario convencional. El propietario de la revista designa a un director que dirige a los redactores. Además, los artículos se someten a una fase de corrección antes de ser publicados.

Este caso demuestra el gran poder de Internet en la sociedad de la información. No todas las empresas contaban con páginas web a finales de los 90. Era extraño que una empresa de software no dispusiera de ella y gracias a Internet se desenmascaró al joven periodista. Este caso sirve de lección. Muchos periodistas se dejan llevar por su ego y recurren a todo tipo de tretas para escalar puestos en su carrera profesional. Además, este caso recuerda la importancia de las imágenes en relación al redactor con la fuente, ya que con una imagen puede mostrarse que existe la persona sobre quien se escribe y que se ha estado con ella recabando información.


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